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Además de las bellezas naturales que cobija, Pinar del Río es una suerte de museo prehistórico donde subsisten vestigios de añejas especies vegetales y animales y huellas de los primeros hombres que poblaron este extremo de la Isla.

Con más de 700 sitios arqueológicos, esta región es una suerte de museo del aborigen mesolítico antillano, al cobijar el mayor reservorio de esa comunidad en el área del Caribe.
Los vestigios de estas poblaciones son muy escasos pues hasta ahora se localizan solamente en esta región y en otras tres localidades de países vecinos, aseguran arqueólogos locales.      
En grutas, llanuras y elevaciones afloran las huellas de los antiguos asentamientos que sirvieron de refugio o sitio habitacional a esos hombres calificados como cazadores, pescadores, recolectores.
Estas sociedades, las más atrasadas de La Isla, no conocían la agricultura ni la alfarería y sobrevivían exclusivamente
mediante la apropiación de los recursos ofrecidos por la naturaleza.
En la península de Guanahacabibes, en el límite oeste de la nación, subsiste un número significativo de lugares donde asoman los restos de alimentos e instrumentos de trabajo pertenecientes a los indígenas que poblaron la zona unos cuatro mil años atrás.
En la apartada demarcación aparecieron indicios de su presencia en puntos cercanos a la costa y fundamentalmente en las abundantes cavernas de la llanura cársica, exploradas  por los científicos que intentan descifrar secretos sobre el modo de vida de tan remota civilización.
Entre los laberintos de los sistemas cavernarios yacen gubias de concha, majadores y otras pruebas de su estancia en tan agrestes parajes, que los cobijaron de las inclemencias del tiempo y más tarde de los rigores de la colonización.
Viñales es otro de los territorios que resguarda importantes descubrimientos.
En el municipio, conocido internacionalmente por la belleza de sus valles intramontanos, existen unos 70 sitios –la mayoría de ellos bien preservados- que acogieron a estas agrupaciones.
Los estudios en esas localidades demuestran las hipótesis acerca de sus hábitos nómadas o frecuentes migraciones en dependencia de las condiciones climatológicas y los recursos naturales disponibles en cada estación.
Otra de las conclusiones es la presencia de los denominados mesoindios en los más diversos paisajes, entre ellos varias sabanas, espacios considerados de alto valor.
Uno de los más curiosos es un asentamiento de unos 3 mil a 2 mil años de antigüedad descubierto accidentalmente en la llanura sur de Pinar del Río.
Los primeros indicios surgieron cuando un campesino del barrio El Palenque, en Consolación del Sur ( a unos 160 km de La Habana ) extrajo los  fragmentos de concha y moluscos marinos mientras iniciaba la labranza de la tierra, destinada al cultivo del tabaco.
Análisis posteriores confirmaron que en la explanada se conservan aún dos áreas de habitación empleadas por un grupo de unas 150 personas (más de la mitad niños) explicó Enrique Alonso, Doctor en Ciencias Históricas a cargo de las pesquisas.
Cubiertos por cuatro centímetros de sedimentos fluviales, se hallaron las evidencias de la estancia en la extensa planicie durante al menos tres siglos, salvo en época lluviosa cuando emigraban a las montañas para evadir las inundaciones.
Parte del ajuar de trabajo como majadores, además de piedras tintóreas supuestamente empleadas para la decoración de su cuerpo, emergen del suelo una vez iniciadas las excavaciones.
Dentro de la superficie que ocupaba el antiguo campamento se encontraron también dos osamentas humanas que se estima pertenecieron a dos jóvenes de sexo masculino.
La exploración reveló la distribución habitacional en forma de anillos: al centro el lugar de las fogatas, después el de preparación de los alimentos,  más distante el empleado para la confección de los instrumentos y el último reservado al descanso.
A través de los restos de animales encontrados (jutía, jicotea, moluscos marinos) podemos inferir no sólo lo que comían sino el conocimiento que  poseían acerca de las bondades de la naturaleza para poder subsistir sin ningún empleo de la agricultura, comentó Alonso.
Agregó que el llamado atraso de los habitantes de esta región es relativo pues a pesar de definirse como arcaicos con una economía exclusivamente de apropiación, demostraron un amplio dominio de la dialéctica de su entorno.
La presencia de representantes del mundo marino indica que realizaron grandes desplazamientos por grupos, presumiblemente a través de los ríos cercanos para alcanzar la costa distante de allí unos 20 kilómetros, lo que demuestra el principio de la exploración continua a ellos atribuido.
Estos vestigios ocultos por años revelan la azarosa vida de las comunidades que vivieron aquí en la época precolombina, cuyo lugar exacto de procedencia es aún un enigma.
Desentrañar los acertijos del pasado nos permite comprender mejor el principio y fin de nuestros lejanos antecesores, diezmados por la conquista y colonización o absorbidos por el mestizaje desatado a partir de entonces.
ap
 
 
 
 

 

01/04/2006 16:38 Autor: acertijos. #. Tema: historia Hay 9 comentarios.

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Cuba: fiesta de orquídeas y escapularios en la Sierra del Rosario

Por Adalys Pilar Mireles 

La floración de las orquídeas engalana por estos días a la Sierra del Rosario, la más antigua reserva de la biosfera de Cuba, que en los meses de abril y mayo muestra todo su esplendor.

Junto al copioso florecimiento de la “dama del reino vegetal”, el pájaro carpintero escapulario prepara sus nidos para perpetuar la curiosa subespecie, típica de estas cimas del occidente cubano.

La proximidad del período estival favorece la aparición de millares de flores en ese macizo, situado a unos 70 kilómetros de La Habana. En esta región se encuentra el Orquideario de Soroa, mayor jardín de su tipo en el país, que abriga a unas 700 especies de las más diversas latitudes.

El vergel, con más de medio siglo de fundado, cobija a plantas exclusivas de la zona, que se reproducen allí de forma natural y mediante los procedimientos de la biotecnología vegetal.

Mientras las orquídeas lucen sus retoños, el animalito de unos 20 centímetros, prepara su morada en el interior de los troncos de los árboles, de cuyos orificios extrae larvas e insectos que les sirven de sustento.

Se trata de una variedad endémica de Cuba, el colaptes auratus chrysocaulosus, que puede verse con relativa facilidad en esas alturas, aunque resulta escasa en el resto de Cuba.

El pájaro sobresale entre la floresta del sitio, donde habitan más de cien especies de aves, por su peculiar hábito de agujerear los arbustos del lugar, refugio de unas 800 especies botánicas.

El nombre de Escapulario lo debe al adorno negro de su pecho en contraste con una garganta vino y las tonalidades pardo cenizas del cuerpo. Este ejemplar, uno de los tesoros del archipiélago, pertenece a una familia de más de 200 especies, reconocida por sus habilidades para trepar árboles y perforar la madera para obtener alimentos.

En la Isla vive también el carpintero real, cuyas poblaciones crecen en regiones como la Ciénaga de Zapata, el mayor humedal del caribe insular y en la Península de Guanahacabibes, situada en el límite oeste del país.

La estación primaveral adorna a la Sierra del Rosario, que reluce con el colorido de sus orquídeas y el revoloteo de los escapularios en busca de los mejores sitios para anidar. ap

12/04/2006 20:26 Autor: acertijos. #. Tema: ciencia Hay 7 comentarios.


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