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Pinar del Río: joya de la espeleología cubana
Por Adalys Pilar Mireles
Conocida como la capital del carso cubano, esta occidental provincia acoge cada año a científicos y espeleólogos de varias naciones que intentan develar los secretos del mundo subterráneo.
En el municipio de Viñales (a unos 160 kilómetros de La Habana)que posee las mayores grutas de la Isla, son frecuentes las expediciones internacionales en busca de mayores conocimientos acerca de estas formaciones, hábitat de valiosas especies de la flora y la fauna.
Entre los visitantes sobresalen los grupos procedentes de Italia, que han desarrollado más de una decena de viajes hacia el interior de esas espeluncas.
Durante casi una décadas, las principales pesquisas estuvieron dirigidas a la gran caverna de Santo Tomás,
de unos 46 kilómetros explorados, la cual clasifica entre las mayores de América Latina.
Este sistema cavernario abriga en sus más de 30 grutas reliquias botánicas, restos de animales prehistóricos y tesoros arqueológicos que datan de unos cuatro mil años.
Descubrimientos realizados en sus cavidades demuestran que la extensa cueva estuvo poblada por los primeros hombres que vivieron en esta región varios milenios atrás.
Los aborígenes de este extremo de Cuba, denominados Guanahatabeyes (cultura agroalfarera) dejaron a su paso abundantes pinturas rupestres llenas de motivos antropomorfos, zoomorfos y geométricos.
En estrechos pasadizos, salpicados por cauces subterráneos, se hallaron entierros humanos que confirmaron la antigüedad de la primitiva comunidad.
Este lugar sirvió nuevamente como sitio de habitación varios siglos después para cobijar a los cimarrones (negros huidos) que escapaban de los rigores de la esclavitud.
En Santo Tomás aparecieron fragmentos de mamíferos gigantes ya desaparecidos como el megalocnus rodens junto a huesos de criaturas extintas del grupo de los desdentados, actualmente investigados por científicos locales.
El tocororo, ave nacional, es uno de los pájaros que se refugia en la vegetación de la zona, además del gavilán de monte (en peligro de extinción) jutías, reptiles y moluscos como las vianas (pequeños caracoles de vivos colores).
En el interior de la gruta se encuentra la columna más alta del archipiélago, sobresale también por sus curiosas formaciones de estalagmitas y estalactitas en el suelo y en la parte superior.
Palmarito es otra de las grandes cavidades del territorio, famoso por las deslumbrantes vistas de sus valles intramontanos.
Pero junto a sus grutas de grandes dimensiones, la demarcación atesora otras pequeñas e igualmente llamativas como la Cueva del Indio, que se formó por el paso de corrientes subterráneas provenientes del río San Vicente.
Un rostro aborigen sugerido por los contornos de una gran roca dio nombre al sitio, recorrido diariamente por centenares de personas de las más distantes latitudes.
Por el encanto de sus paisajes y sus curiosidades científicas, Viñales es uno de los parajes más visitados de esta región pródiga en bellezas naturales y suerte de santuario de la espeleología cubana.
Preservan único bosque de piedras de Cuba

Por Adalys Pilar Mireles
Mogotes jurásicos adornados con un espeso manto vegetal conforman el único bosque de piedras de Cuba, que sobrevive en el extremo occidental del país tras 70 millones de años de existencia.
Las rocas calizas de más de 10 metros de altura, sobreviven en el límite occidental de La Isla bajo la mirada de robles, algarrobos y cedros centenarios.
Estas curiosas elevaciones, de cimas desgastadas por la erosión, son testigos de complejos cambios geológicos y de una era que parece detenida en el tiempo.
La peculiar zona boscosa atesora fósiles tan antiguos como la amonita, petrificada en las cavidades y laberintos de las añejas "alturas", suerte de remanentes de la cordillera de Guaniguanico, una de las más vetustas de la nación.
Estos hallazgos, unido a la presencia de las extrañas formaciones, contribuyen a desentrañar incógnitas acerca de la evolución de la vida en esta región del planeta y el origen del archipiélago cubano.
El bosque de piedras, fue sitio de habitación de los primeros hombres que poblaron estas tierras varios milenios atrás, quienes encontraron refugio en las grutas que surcan los micromogotes, muchos de ellos comunicados entre sí.
Más tarde ocultaron a los cimarrones(negros huidos)que evadían los rigores de la esclavitud, los que dejaron a su paso algunas evidencias de su prolongada estancia en las pequeñas cavernas.
Las solapas y cuevas fueron utilizadas, además, por los cubanos como lugar de descanso durante la guerra contra el colonialismo español, a finales del siglo XIX.
Entre la rica floresta de la zona sobresalen árboles frutales y numerosas variedades maderables junto a la típica vegetación semidecidua.
Con la llegada del período estival, conocido también como la fiesta de las flores, el bosque luce todo su esplendor.
Las altas temperaturas y las lluvias de la temporada favorecen la floración de muchas de las plantas, que adornan este peculiar jardín.
En la espesura anida el tocororo (ave nacional de Cuba) junto al tomeguín del pinar y el zunzuncito, considerado el ave más pequeña del planeta por su tamaño de apenas siete centímetros.
Coloridos plumajes acarician las mañanas en este escenario natural que acoge a numerosas viajeras, provenientes de otras latitudes.
Moluscos, arácnidos y reptiles habitan entre la vegetación que custodia a las antiguas piedras, cuyas cimas imitan la apariencia del agreste diente de perro.
Las aguas del río Cuyaguateje, el más caudaloso de la demarcación, bañan al conjunto pétreo y posibilitan la navegación a lo largo del sitio, declarado Monumento Nacional en 1996.
Leyendas de corsarios y piratas abundan en este paraje, limítrofe con la Península de Guanahacabibes, una de las seis reservas de la biosfera de La Mayor de las Antillas.
Los lugareños recuerdan historias de temidos marinos que en épocas pasadas saquearon las haciendas construidas en las márgenes del cauce y escondieron tesoros en los pasadizos de las elevaciones jurásicas.
Los primeros senderos de este extremo de país, trazados durante los siglos XVII y XVIII, bordean aún el amurallado lugar cubierto por el follaje.
Entre ellos el más importante fue el camino real de Vueltabajo, que se interna en la floresta y sortea la fortaleza esculpida por el tiempo.
Los visitantes pueden apreciar un panorama exclusivo de esta punta de La Isla, simbiosis de varias eras geológicas, cuyos vestigios perduran.
A unos 200 km al oeste de La Habana, la naturaleza nos regala un paisaje, conservado milenariamente en su estado primitivo, y que deslumbra por su originalidad.
Guanahacabibes: guarida de corsarios y piratas en Cuba

Por Adalys Pilar Mireles
Muy frecuentada por corsarios y piratas en los siglos XVI, XVII y XVII la península de Guanahacabibes atesora abundantes vestigios de la presencia de esos navegantes en este extremo de Cuba.
En la apartada demarcación, situada en el límite oeste de La Isla, existe más de un centenar de sitios donde ocurrieron naufragios de filibusteros y de otros marinos, aseguran investigadores.
Además de los restos de embarcaciones encontradas en sus playas, en las profundidades se conservan evidencias de esos accidentes, provocados por las difíciles condiciones de acceso a la zona y los frecuentes combates mar adentro.
La extensa llanura cársica, casi a las puertas del Golfo de México, era visitada asiduamente por marineros de diversas nacionalidades durante sus travesías por la región.
En este paraje, algunos ocultaron tesoros y bautizaron con sus nombres muchos de estos emplazamientos.
La toponimia de la península da fe de su estancia en ese lugar, el más visitado del país antillano por los aventureros del corso y la piratería quienes llegaban a esos predios para evadir ciclones, ocultar cargamentos y reabastecer sus naves.
Cabo Francés, Punta del holandés, el Farallón del Inglés, Cueva del Pirata y Carabelas, son algunas de las huellas de su permanencia en esa península salpicada por el diente de perro.
Entre los visitantes más conocidos sobresale John Hawkin, considerado uno de los pioneros de la piratería inglesa, quien se refugió en la planicie para reparar su embarcación tras sufrir los azotes de una tormenta.
Francisco Drake fue avistado también por los vigías de ese emplazamiento en varias oportunidades, la primera de ellas en mayo de 1586, afirman historiadores.
Guanahacabibes estuvo casi totalmente despoblada hasta el siglo XIX pues con anterioridad sólo existían allí escasos puntos de vigilancia, insuficientes para mantener bajo control ese intrincado territorio que abarca unas 100 mil 500 hectáreas, la mayor parte de ellas cubiertas de bosques.
Estudiosos atestiguan que desde sus dunas algunos contrabandistas conocidos como "piratas de tierra" desorientaban a las tripulaciones con el fin de provocar el hundimiento de los barcos y facilitar el saqueo de sus botines.
Otros curiosos personajes arribaron también a ese punto de la geografía insular, sobresale entre ellos una joven abandonada en sus costas que fundó una suerte de hospedería.
Este lugar, donde radica hoy un Centro Internacional de Buceo, se conoce aún con el nombre de María la Gorda, en honor a esa peculiar protagonista de la historia local.
Tierra inhóspita, de abundantes mitos y secretos, abriga aún numerosos vestigios de los hombres que poblaron sus grutas a lo largo de los siglos.
Desde épocas inmemoriales, un velo de misterio cubre su rostro endurecido por agrestes terrenos, que aún recuerdan los pasos de varias culturas en su afán por pervivir en medio de circunstancias adversas para la especie humana.
Sus cavernas guardan valiosas evidencias de los aborígenes que habitaron ese sitio cinco mil años atrás.
Los restos de conchas, herramientas y otras reveladoras piezas halladas en sus espeluncas son las pruebas más tangibles de su existencia.
La península es en la actualidad una de las seis reservas de la biosfera de La Mayor de las Antillas.
Además de sus valores naturales, posee otro rico patrimonio y es su inmensa tradición oral, preservada por los habitantes de esta tierra que hace guiños al tiempo entre misterios y revelaciones.
Exploran vestigios de asentamiento aborigen en extremo occidental cubano.

Por Adalys Pilar Mireles
Arqueólogos locales exploran los vestigios de un asentamiento aborigen de unos 3 mil 100 a 2 mil 800 años de antigüedad descubierto accidentalmente en la llanura sur de este extremo del país.
Los primeros indicios de su presencia afloraron cuando un campesino del barrio El Palenque, en el municipio de Consolación del Sur ( a unos 160 km de La Habana ) extrajo los primeros restos de concha y moluscos marinos mientras iniciaba la labranza de la tierra, destinada al cultivo del tabaco.
Estudios posteriores confirmaron que en la explanada se preservan aún dos áreas de habitación empleados por una comunidad de unas 150 personas, la mayoría de ellas población infantil, declaró a Prensa Latina Enrique Alonso, Doctor en Ciencias Históricas a cargo de las investigaciones.
Cubiertos por 40 centímetros de sedimentos fluviales, se hallaron las evidencias de la estancia en esa zona durante al menos tres siglos, salvo en época lluviosa cuando emigraban a las montañas para evadir las frecuentes inundaciones de la extensa planicie.
Fragmentos de los instrumentos o el ajuar de trabajo como majadores, además de piedras tintóreas y restos de alimentos, emergen del suelo una vez iniciadas las excavaciones.
Dentro de la superficie que ocupaba el antiguo campamento aparecieron también dos osamentas humanas que se estima pertenecieron a dos jóvenes de sexo masculino.
La exploración del sitio reveló la distribución de la superficie habitacional compuesta por varios anillos: al centro el lugar de las fogatas, después el de preparación de los alimentos, más distante un espacio para la confección de los instrumentos de trabajo y el último destinado al descanso.
A través de los restos de alimentos encontrados ( jutía, jicotea, moluscos marinos ) podemos inferir no sólo lo que comían sino el conocimiento que poseían acerca de los recursos que ofrece la naturaleza para poder subsistir sin ningún empleo de la agricultura, comentó Alonso.
Agregó que el llamado atraso de los habitantes de esta región es relativo pues a pesar de definirse como mesoindios o arcaicos con una economía exclusivamente de apropiación, demostraron un amplio dominio de la dialéctica de su entorno.
La presencia de representantes del mundo marino indica que realizaron grandes desplazamientos por grupos, presumiblemente a través de los ríos cercanos para alcanzar la costa distante de allí unos 20 kilómetros, lo que demuestra el principio de la exploración continua a ellos atribuido.
Este es el tercer asentamiento de su tipo descubierto en la llanura sur de la provincia, porción muy dañada por la erosión y la desertificación.
En Pinar del Río existen hasta la fecha cerca de ochocientos sitios arqueológicos explorados y documentados, más de quinientos de ellos lugares donde vivieron los aborígenes.
Durante prolongados estudios se obtuvieron pruebas de su abrigo en zonas costeras, llanuras, montañas, y los más disímiles paisajes de la geografía.
Los vestigios ocultos por años revelan la azarosa vida de las comunidades que vivieron aquí en la época precolombina, cuyo lugar exacto de procedencia es aún un enigma.
Desentrañar los secretos del pasado nos permite comprender mejor el principio y fin de nuestros lejanos antecesores, diezmados por la conquista y colonización o absorbidos por el mestizaje desatado a partir de entonces.
Estudian gran corredor de aves migratorias en occidente cubano.

Por Adalys Pilar Mireles
Científicos cubanos estudian la procedencia y características de las especies voladoras que llegan a la península de Guanahacabibes, en el extremo occidental de la Isla, uno de los corredores de aves migratorias más importantes del archipiélago.
En declaraciones a Prensa Latina, la bióloga Alina Pérez, estudiosa de la fauna terrestre, indicó que la posición geográfica de esa región(reserva de la biosfera) propicia la llegada de numerosas criaturas.
Las visitantes arriban al sitio durante sus tránsitos del continente norte al sur y en el sentido opuesto.
Las aves migratorias de invierno, que provienen de Estados Unidos, son más abundantes y tocan tierra en la extensa llanura cársica a partir del mes de septiembre, donde permanecen hasta los primeros días de noviembre.
Mientras, en marzo aparecen las primeras viajeras de la temporada de verano.
Actualmente, expertos de varias naciones precisan el destino final del vuelo, después una corta estancia en la mayor de las Antillas.
Estas especies, agregó, son en la mayoría de los casos de tamaño pequeño y colores diversos, algunos muy llamativos y aunque viven preferentemente en zonas boscosas se hallan también en jardines y patios, en Guanahacabibes ocupan todo el mosaico vegetal pues habitan temporalmente en bosques, manglares, en la flora de ciénaga y en la vegetación de costa, allí recobran fuerzas para continuar la ruta de la emigración.
Entre las más asiduas sobresalen la Candelita ( Setophaga ruticilla), Señorita de Monte (Seiurus aurocapillus), el Cardenal (Piranga rubra), Bijirita trepadora (Mniotilta varia) y Bien te Veo (Vireo altiloquus),explicó la experta.
Los insectos son el alimento preferido de estos animales sin embargo su dieta incluye, además, semillas y frutos de diversos arbustos.
La especialista afirmó que en la actualidad existen distintas hipótesis sobre las causas que provocan la migración de los pájaros.
Hasta ahora, la explicación más aceptada es la referida al descenso de las temperaturas propio del invierno que ocasiona cambios muy bruscos en el hábitat y en la alimentación.
Búsquedas recientes reportaron la presencia de más de l70 variedades de aves en la península, 84 de ellas pertenecientes a la categoría de migratorias, que representan el 49,1 por ciento de la avifauna de la zona.
El límite oeste del territorio nacional es uno de los sitios de mayor virginidad y diversidad biológica en el país, que ofrece condiciones excepcionales para la preservación de grupos endémicos y otros muy vulnerables.
José Martí: de Cuba y Mercurio

Por Adalys Pilar Mireles
Calificado como un coloso del pensamiento, el arte y la política, José Martí es el primer cubano cuyo nombre distingue un punto del espacio, tan virgen como enigmático.
Considerado por muchos el planeta más hermoso y menos explorado del sistema solar, devino homenaje celeste a los grandes músicos y poetas que habitaron la vecina tierra desde épocas lejanas.
Este astro de apenas unos 4 mil 800 kilómetros de diámetro parece haber sido reservado sólo para figuras relevantes de las letras y otros oficios tan sublimes como el de crear o interpretar melodías.
Lo realmente curioso es que los cráteres de su superficie se convirtieran en monumentos a hombres de la talla de Miguel de Cervantes Saavedra, inmortalizado por los delirios y aires de justicia de su romántico caballero andante.
El no menos célebre Honorato de Balzac da nombre también a uno de esos orificios, originados por remotos impactos, al igual que el novelista ruso León Tolstoi (uno los más eminentes autores de la narrativa realista de todos los tiempos), que dio vida a la releída La Guerra y La Paz, su obra cumbre.
Sor Juana Inés de la Cruz, la más famosa de las poetisas mexicanas, es otra de las personalidades elegidas, además de la chilena Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura en 1945.
El compositor vienés Franz Peter Schubert quien nos legó un valioso tesoro musical precursor del romanticismo (maestro de la escritura sinfónica ), es otro de los grandes hombres que se adueñan de un pedacito del planeta, perdido entre el resplandor solar.
Científicos afirman que las numerosas depresiones se formaron probablemente hace cuatro mil millones de años durante el bombardeo de meteoros en nuestro sistema.
Los tratados internacionales reconocen que el control de la nomenclatura del espacio recae exclusivamente en la Unión Astronómica Internacional, organización a la que se le atribuye casi por completo la idea de tan altos reconocimientos.
Así, para alegría de los terrícolas que aman el arte, todos los cráteres de Mercurio evocan a creadores fallecidos, mientras que en la Luna se recurre a intelectuales y científicos, si son grandes, o a nombres comunes de personas en el caso de los pequeños.
A sólo metros del lugar que rinde culto a las escritoras latinoamericanas existe un espacio de unos 76 kilómetros de diámetro dedicado a José Martí, considerado también la figura cimera de la literatura en la Isla.
Más que un modernista, fue un visionario de su tiempo y un iluminador del futuro, que nos llega hasta hoy casi con la misma frescura y omnipresencia de entonces.
El cráter de Mercurio ( planeta visible a la sombra del ocaso o los destellos del alba) es uno de los más singulares homenajes de la naturaleza al Héroe Nacional de Cuba, reverenciado también con un lirio de pétalos níveos que lleva igualmente su nombre.
Hoy, para envida de muchos, Martí tiene la exclusividad de un sitio a donde ningún mortal ha podido llegar.
Mantua: ¿una ciudad italiana en Cuba?
Por Adalys Pilar
Probablemente oculta entre los canales marinos del límite noroeste cubano, yace la verdadera historia de Mantua, una demarcación que tras siglos de existencia busca aún la certeza de sus raíces y la identidad de sus fundadores.
Cosarios o piratas, lo cierto es que la tradición oral atribuye a navegantes procedentes de la península itálica, la fundación en el siglo XVII de un villorio en ese extremo occidental de Cuba, a unos 200 km de La Habana.
Mantua fue el nombre escogido para el asentamiento, en honor al bergantín en que viajaban o a Mantova, la provincia de Lombardía, identificada como uno de los posibles lugares de procedencia de los visitantes.
Las causas exactas del arribo se ignoran, pero la versión más conocida refiere el naufragio del navío después de arremeter contra la barrera coralina que resguarda el litoral, causante de innumerables accidentes marítimos.
Historiadores aseguran que esta anécdota popular resulta creíble, pues aunque no se hallaron hasta ahora vestigios de la embarcación, sólo tripulantes expertos son capaces de sortear el cinturón de arrecifes de la faja costera.
Los sobrevivientes, como buenos marinos, se establecieron primero en las cercanías de la costa, hasta adueñarse de una extensa hondonada a orillas del río más caudaloso de la comarca, rodeado de fértiles vegas y colinas.
La colonización española prácticamente no había tocado a las puertas de ese remoto paraje en el momento de la llegada, por lo que es probable que el lugar estuviera totalmente deshabitado.
Aunque en los libros parroquiales aparecen registrados cerca de veinte apellidos italianos, la familia Pitaluga es una de las pocas de origen itálico que reside en esta localidad.
Para los descendientes de Antonio Pitaluga, no hay dudas de la procedencia de sus ancestros, porque durante varias generaciones se escucharon las historias de Italia y los detalles de la aventura en la travesía por el Océano.
La devoción por la Virgen de Las Nieves, es otro de los legados indiscutibles de los hijos de la nación del sur europeo.
Esta veneración es original de la Basílica Santa María La Mayor, la primera y más antigua de Roma y de Mantova, mientras en Cuba es exclusiva de este lugar.
Los fundadores debieron contagiar con su fervor religioso a colonos españoles y de otras latitudes, que se establecieron más tarde en ese poblado, hasta convertir esa creencia en una tradición popular.
Enrique Pertierra es uno de los hijos de la sui géneris demarcación que investiga entre antiguos documentos de la etapa colonial algunas pistas sobre la procedencia de los fundadores.
“Las evidencias más fuertes están bajo el agua”, asegura el estudioso
El pequeño poblado fundado a orillas del mar devino uno de los 14 municipios de esta occidental provincia.
La base económica fundamental de Mantua es la agricultura que aprovecha casi el 52 por ciento de los suelos, la mayoría de ellos dedicados a la siembra de tabaco, cultivo típico de este extremo del país.
A varios siglos de su fundación, el origen italiano de Mantua es defendido por las generaciones actuales, que pese a las pruebas existentes y a la fuerte tradición oral, aún buscan mayores evidencias de su origen y la certeza de su paternidad.
Foro Roncali: triunfador de huracanes

Por Adalys Pilar Mireles
Con más de un siglo de existencia, el faro Roncali, en el punto más occidental de Cuba, devino monumento a la perseverancia al burlar a centenares de huracanes y fenómenos naturales con su frágil estructura de rocas calizas y rústicas técnicas de albañilería.
De 1900 a la actualidad azotaron a la región unos 138 ciclones, más de la mitad de ellos de gran peligrosidad, los que rozaron su base sin dejar secuelas en la añeja edificación, típica del período colonial.
El centinela, situado en el último refugio de los aborígenes que habitaron la Isla, guía con sus destellos a miles de embarcaciones que navegan por las aguas del Mar Caribe y el Golfo de México.
Construido en la segunda mitad del siglo XIX, distingue a la apartada demarcación que lo acoge, al erigirse hasta una altura de 33 metros sobre la extensa llanura cársica de la Península de Guanahacabibes.
Estudios históricos revelan las azarosas faenas de sus artífices, la totalidad de ellos emigrantes chinos y esclavos africanos, quienes desafiaron la agreste topografía del terreno, salpicado de rocas acantiladas y diente de perro.
En sus proximidades subsiste aún la cantera original de la que se obtuvo la materia prima para su construcción, con procedimientos similares a los empleados en el Castillo del Morro, símbolo de la capital cubana.
La torre, que conserva aún sus elementos originales, es un obligado punto de referencia en el límite oeste de La Mayor de las Antillas, pues la luz que emite puede ser apreciada a unos 30 kilómetros de distancia con una frecuencia de dos destellos cada 10 segundos.
Desde los farallones que bordean al faro asoman las dunas de cerca de 20 playas y la tupida vegetación de una de las últimas selvas tropicales del área caribeña.
Este añejo guardián sobresale como uno de los más famosos habitantes de la zona, conocida también como “El Cabo” y declarada Reserva Mundial de la Biosfera en 1987.
A sus pies yacen tesoros de épocas pasadas, entre ellos sitios arqueológicos asociados a la presencia de los llamados mesoindios antillanos.
A sólo metros perviven sorprendentes paisajes costeros y singulares vistas subacuáticas adornadas con jardines de gorgóneas y arrecifes coralinos, donde predomina la variedad negra, a salvo a pesar de los recientes azotes de organismos tropicales.
Pese a sus 154 años de vida, el Faro Roncali conserva sus funciones como uno de los principales guardianes marítimos de Cuba y una de las reliquias del archipiélago por su perseverancia.
ap

Ahora cuando muchos celebran la llegada del nuevo año, les regalo esta nota sobre las múltiples bondades y secretos de las flores, presentes en las más diversas festividades humanas.
Secretos de las flores: simbiosis de perfección y expresividad
Famosas por sus poderes para acercar amores y revelar los más disímiles sentimientos, las flores nos sorprenden aún con curiosos significados que oscilan entre la pasión y el odio, la afinidad y el desprecio.
Vida, belleza, desánimo, muerte, soledad, pero sobre todo amor, puede expresarse mediante delicados pétalos, cuyo lenguaje es conocido desde la antigüedad.
Este secreto, contado de madres a hijas, tuvo su esplendor en el romanticismo y en la actualidad da vida a una suerte de sabiduría popular asociada al enigma de las plantas y a los poderes de sus fragancias, colores y combinaciones.
Según esos códigos, la rosa roja es sinónimo de ternura, la amarilla de amistad, la blanca de miedo, la rosada de indecisión, mientras la margarita simboliza inocencia y pureza; la gardenia, alegría; y el clavel, distinción.
Los arreglos se emplean también como eficaz recurso expresivo al mezclar distintas variedades, colores, y accesorios.
En algunos países la unión de rosas en miniatura con margaritas significa que "sus cualidades sobrepasan sus encantos”, mientras la mezcla de rosas amarillas con hiedra expresa la ruptura de una amistad.
Paralelamente al conocimiento transmitido por “herencia”, surgen numerosas teorías que intentan relacionar estados de ánimo y sentimientos con la tonalidad y características de cada especie florecida.
Entre los estudiosos de ese fascinante universo, destaca el Doctor Pedro Jesús López Trabanco, investigador del Orquideario de Soroa (ubicado en este extremo del país) quien se dedica a explorar los supuestos mensajes de las plantas cubanas.
El experto describió el significado de más de un centenar de variedades oriundas de La Isla y otras exóticas, hasta llegar a un total de 500, análisis que enriquece las hipótesis sobre este enigmático juego de perfección y expresividad.
La investigación hace énfasis en los ejemplares que habitan en esta provincia cubana, conocida como el jardín de Cuba por la exhuberancia de su flora.
Sobresale en su pesquisa la orquídea negra (nativa), que representa el luto pues sus flores son de color pardo intenso, casi rozando el negro, así como la orquídea sin hojas (deudrophylla lindenni) asociada a la excentricidad por la ausencia total de ese complemento verde.
Otra de las curiosidades estudiadas es la cuaresma (endémica) de pétalos muy elegantes pero extremadamente pequeños por lo que se relaciona con el detalle.
La mariposa (flor nacional) aparece también en la investigación del estudioso como símbolo de libertad.
López Trabanco comenta que la exquisita fragancia y belleza de sus flores blancas llamaron la atención de los botánicos desde épocas remotas, pues su nombre en griego –hedychium coronarium- significa fragante y nieve.
Así desde la antigüedad, los humanos identifican sus emociones y deseos con una de las más acabadas creaciones de la naturaleza en una simbiosis casi poética de inspiración y fantasía para lograr el milagro de “hacer hablar a las flores”.
ap
Tambor yuka: ritmos, bailes y erotismo del Africa a Cuba

Pinar del Río, Cuba, La fiesta del tambor yuka, mezcla de ritmos y bailes africanos, pervive aún en este extremo del país tras varios siglos de convite.
La celebración traída a Cuba por los negros de origen bantú durante el siglo XVIII, gira alrededor de un conjunto de tambores que retan a los bailadores al calor del fuego y la opacidad de la noche.
Estos festejos, heredados de los ancestros congoleses que poblaron La Isla tras su llegada como esclavos, se extendieron en un inicio por gran parte del archipiélago pero en la actualidad subsisten sólo en esta región(a unos 140 km al oeste de La Habana).
El Guayabo y Barbacoa, son las demarcaciones donde cobran vida los recuerdos al llamado de la sangre y el abrazo del aguardiente.
Asociados en la antigüedad a prácticas de brujería o “el palo” (ritos bantúes) la tradición adquiere ahora otras significaciones fundamentalmente vinculadas a motivos culturales.
Los tambores Yuca( vocablo que significa tocar o percutir) son los de mayor tamaño de todos los afrocubanos, pues algunos pueden medir varios metros de largo.
Confeccionados con troncos de cedros o aguacate muy comunes en la zona, estos instrumentos realizan distintas ejecuciones pues mientras uno llama a la festividad (llamador), otro marca el ritmo ( mula ) y un tercero improvisa (caja).
Al compás de los añejos toques, las parejas forman ruedos y un bailador solista compite con el improvisador que intenta sorprenderlo mediante inesperados cambios ritmáticos y un original desempeño musical.
Serino Barrios, de 70 años de edad, comenta que aprehender la tradición fue uno de sus juegos predilectos, “nadie me dio lecciones, para tocar sólo se precisa tener buen oído y sobre todo, mirar a los que saben”.
Recuerda que primero practicaba en un taburete para imitar el sonido de las palmas sobre los parches, hasta que logró hacer su propio instrumento que lo acompaña desde hace décadas.
Aunque los años enraizaron estas celebraciones, el canto asociado a ellas se perdió debido a las complejidades y el desuso en este lugar de los idiomas que integran el grupo lingüístico bantú.
Cuentan las leyendas que en épocas remotas eran frecuentes las letrillas de pulla que ocasionaban disputas entre los asistentes, algunos de ellos víctimas fatales de estos apasionados encuentros.
En 1862 existía en Pinar del Río, también conocida como Vuelta Abajo, un centenar de ingenios azucareros.
La producción de azúcar de caña exigía mano de obra barata y la trata de esclavos procedentes de Africa facilitó la fuerza de trabajo para la incipiente industria.
Una de las principales etnias establecidas en este territorio fueron los congos, quienes legaron a sus sucesores sus costumbres musicales y bailables, que perduran entre los lugareños.
Numerosos investigadores han coincidido en señalar a los pueblos bantú como una de la tres áreas africanas de mayor presencia y aporte en el proceso transcultural que dio lugar al comportamiento cultural del cubano.
Durante la época del tráfico negrero estuvieron asentados en la región de la Cuenca del río Congo o Zaire, desde donde viajaron en azarosa travesía sin más equipaje que sus tradiciones.
Estudiosos afirman que la Fiesta del tambor yuca a su llegada a La Isla tuvo también una significación erótica por la fogosa comunicación entre los danzantes.
Según el famoso etnólogo cubano Fernando Ortiz, era un baile para la fertilidad, donde se chocaban las pelvis para simular la consumación del acto sexual y el hombre perseguía a la mujer .
Ahora, pese a muchas transformaciones, sigue siendo un gran jolgorio.
Durante semanas los pobladores engalanan el escenario con hojas de palmas y adornos florales, mientras en las casas las mujeres elaboran comidas criollas que complementan este peculiar espectáculo, mezcla de ritmos, transculturación y erotismo


